Así es un embarazo que nunca aburre

Hay mucha literatura sobre el embarazo, gran parte de ella científica y médica (imprescindible) y otra tanta que parece de novela rosa, con muchos colores pastel y palabras dulces sobre el viaje que comienza, etcétera.

Muy bonito todo.

Hay muchas mujeres embarazadas que efectivamente están resplandecientes. Algunas de mis amigas y conocidas han vivido el embarazo entre nubes de algodón, con pelazo (tiene que ver con las hormonas, como casi todo), con unas barrigas perfectamente redondas y ni un gramo de grasa más en ninguna parte de su cuerpo. Y comiendo todo lo que les apetece, porque ya han pasado la toxoplasmosis y disfrutan del jamón serrano y los embutidos y del chocolate y los helados y los pepinillos y -por qué no- de alguna hamburguesa completa con patatas y un refresco gigante; en fin, comen de todo lo que se os ocurra.

Afortunadas ellas.

Otras nos encontramos con un cuerpo rebelde al que esto del embarazo le ha pillado más por sorpresa que a los propios pre-padres y que decide que estos nueve meses van a ser de todo menos aburridos.

Bienvenidos al maravilloso mundo de la diabetes gestacional y el hipotiroidismo sobrevenidos durante el embarazo.

El maravilloso mundo de la diabetes gestacional

El maravilloso mundo de la diabetes gestacional

Mi primer desencuentro conmigo misma una vez supe que estaba embarazada fue debido a un diagnóstico de hipotiroidismo, con su correspondiente tratamiento. No se sabe desde cuándo lo padezco, pero en la familia hay antecedentes. Una pequeña pastilla 20 minutos antes de desayunar ha sido el remedio. Mis hormonas están bajo control casi desde el primer mes de embarazo y ya veremos qué pasa después de eso.

El segundo momento de crisis llegó con una maravillosa prueba que seguramente conozcan quienes han sido madres y las que están en ello: el test de O’Sullivan. Como mi cuerpo estaba bastante descontrolado en general y en la primera analítica se había detectado que el nivel de azúcar en sangre estaba ligeramente alto (apenas unos puntos, pero los suficientes), pasé este peculiar test cuando estaba de muy pocas semanas.

Para quien no sepa en qué consiste, básicamente se trata de analizar tu sangre antes y después de tomarte un auténtico pelotazo de azúcar, para ver qué le pasa a tu cuerpo una hora después de la ingesta. Compartí salón con unas cuantas mujeres ‘mucho más embarazadas’ que yo, por decirlo de algún modo, que pasaron esa hora de espera entre extracciones de sangre recostadas, algunas con pinta de estar pasando un rato cuanto menos regular y por lo general acaloradas. Yo no experimenté ninguna sensación y me limité a pasar 60 minutos en la sala de espera contestando algunos correos, tranquila, pensando que si no me encontraba mal es que todo estaba correcto.

Pues no, reina, no.

Mi endocrina y mi obstetra me dieron una dieta, un medidor de glucosa y casi el pésame: Aquí tiene su diabetes gestacional, querida. Ánimo.

La primera semana intentamos controlar los niveles de glucosa sólo con la mencionada dieta (2.000 kcal, pero 0 caprichos) pero no fue suficiente, así que empezó esa gran aventura de la administración de insulina, en mi caso antes del desayuno y la comida… De momento.

No os podéis imaginar la cantidad de azúcar que hay en casi todo lo que comemos. Os recomiendo este blog para que empecéis a ser conscientes: SinAzúcar.org. Vivo cada actualización entre la sorpresa y la depresión.

El punzante test de glucosa

El punzante test de glucosa

Tengo que medirme la glucosa antes de cada comida principal y una hora después de hacerla con unos molestos pinchazos -mucho peores que los de la insulina, a dónde va a parar- que me están dejando con las huellas dactilares como un dibujo de ésos de ‘une los puntos’.

Será por la dieta, por el control de la tiroides o por un capricho del destino (lo que sea), pero a todo esto se suma una pérdida de peso inesperada: casi 9 kilos en este momento en el que escribo, con 17 semanas de embarazo.

Ante este cúmulo de circunstancias, mi gran pregunta es ¿qué tal le estará sentando todo esto al bebé de Schrödinger?

¿Está cómodo, tranquilo, con todo en orden en su pequeño estanque? El corazón late fuerte (lo hemos oído) y en la última semana he notado algún movimiento leve, parecido a un pequeño aleteo, en mis profundidades. Quizá lo de ‘aleteo’ sea muy poético: también se asemeja a un lejano retortijón o un breve calambre.

En los próximos días sabremos si todo va bien pese a las tropelías que mi organismo comete contra mí y mi inquilino de Schrödinger. A ver qué nos cuenta en la próxima eco, que falta poco.

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