Madrid, Zaragoza

Mi Madrid, nuestro Madrid, fue como el que cuenta Roy Galán: la oportunidad de intentarlo, un estado civil. Abandonar la capital no fue sencillo, pero sé que no nos guardamos rencor.

Pronto se cumplirán dos años desde que dejamos atrás nuestra leonera en Lavapiés y desplazamos la unidad familiar desde el Madrid castizo al barrio de la Almozara, en Zaragoza.

Siempre heroica, inmortal, noble.

Creo que podemos decir que Zaragoza nos recibió con calidez -pese al cierzo- y en mi caso, sin ningún resentimiento por mi forzada deserción allá por 2012. Entonces escribí que el ritual de hacer inventario, arrastrar maletas y cerrar puertas no me era novedoso, pero a pesar de eso, nunca deja de romperte el corazón.

Decía cierta canción –Vicios y virtudes que en Zaragoza no hay amor si el guión no lo exige, pero qué vamos a hacer nosotros, que llevamos ya unos cuantos años inmersos en un sobresalto vital permanente… Somos supervivientes natos, afortunados, con hoja de ruta o sin ella.

También hemos tenido tiempo de conquistar varias orillas

Hemos tenido tiempo de conquistar otras orillas, no sólo la del Ebro

Mientras tanto, Julia va creciendo, tan rubia ella, con sus rizos desordenados, su lengua de trapo y su carácter en construcción: atenta, tozuda, aguerrida y con gusto por las verbenas, la música en directo y el cabaret en general.

Es cabezona, como no podía ser de otro modo, y tiene una energía que muy probablemente incumple algún principio de la termodinámica.

Ella va ganando centímetros y conquistando espacios propios y ajenos y quienes la rodeamos la acompañamos en esa aventura entre el estupor y el vértigo.

El tiempo pasa muy deprisa y la cantidad obscena y transfinita de fotos y vídeos con los que intentamos capturar cada momento siempre parece insuficiente.

¿Y ahora?

Ahora hay que ver cómo le explicamos a Julia lo de Mateo, especialmente a partir de mediados de octubre.

Ésa sí va a ser buena.

Aquí está Mateo, de momento sin reventar ningún percentil

Aquí está Mateo, de momento sin reventar ningún percentil

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