La vida después del 13J

Dicen que en martes y 13 no debe uno casarse ni hacerse a la mar. No hay ningún corolario sobre la conveniencia de romper aguas de madrugada. Sobre las tres y media de la noche de lo que ya era 13 de Junio nos vimos en el trance de tener que ir al Hospital porque, ay, esto que gotea levemente no es un fluido cualquiera.

De este modo #BigJulia se ajustó al primer pronóstico que nos dieron: luego lo corrigieron, pero la primera fecha oficial para el advenimiento era el 13 de Junio. Como la no-tan-pequeña-Julia venía reventando todos los percentiles habidos y por haber, nos habían reservado habitación para provocar el parto el miércoles 14.

Pues no. La naturaleza es sabia y algo más de 24 horas antes, empezó la fiesta.

Última foto oficial antes de la llegada de #BigJulia

Última foto oficial antes de la llegada de #BigJulia

Intentaré no recrearme en los detalles escabrosos que hubo entre la hora de llegada al hospital (oficialmente, las 04.38h) y el momento en que por fin tuvimos un primer cruce de miradas con la niña, 12 horas y 22 minutos después.

La ‘trazabilidad’ de #BigJulia está perfectamente registrada en los informes médicos, casi al estilo de un parte de guerra, aunque la única cautiva y desarmada después de varias horas de parto fue la madre de la criatura. Pensad que llevabámos desde las 11.00h en el paritorio; antes habíamos estado en una sala de dilatación, intentando descansar entre contracción y contracción.

No haré declaraciones sobre las contracciones.

Dicen los papeles que #BigJulia nació a las 17.00 horas, a en punto, muy británica ella; que midió 51,5 centímetros y que su masa corporal ascendió a la nada desdeñable cifra de 3 kilos con 815 gramos. Si os parece poco, os animo a ingerir una cantidad equivalente de -se me ocurre- bollitos o plastilina e intentar expulsarlos de vosotros de una pieza y con el vago confort que proporciona la epidural, una analgesia que a mí dejó de aliviarme a las dos horas aproximadamente de su administración a eso de la una del mediodía.

El anestesista, que tenía exactamente la misma cara que Nacho Vidal (cosas en las que se fija una parturienta), me preguntó que cuánto medía yo cuando ya hacía rato que presuntamente me habían dormido…

[Spoiler: no, no estaba anestesiada de cintura para abajo del todo, o no como debería haberlo estado]

Esas preguntas en mitad del espectáculo para mí fueron una no tan velada confirmación de que, tal y como sospechaba, no me habían puesto toda la droga que necesitaba en esos momentos. Y creedme, tengo un umbral alto de tolerancia al dolor, pero hasta la más pintada se rinde a los calmantes en determinadas situaciones.

La primera instantánea de #BigJulia

La primera instantánea de #BigJulia

¿Un resumen? Fue un parto eutócico con alguna incidencia ‘divertida’, ya que fui diabética gestacional y eso siempre le añade un extra a la experiencia de la maternidad: en mi caso, una episiotomía, que es lo más parecido que tengo a una herida de guerra, y que por suerte ha acabado siendo más o menos llevadera.

Tras dos calurosos días de ingreso, impregnados de anécdotas y de ese peculiar y tranquilizador aroma propio de los hospitales, los facultativos nos mandaron a casa.

Ya estábamos allí.

Los tres somos desde el 13J una nueva unidad familiar con base operativa en un Madrid en el que no me cabe duda de que #BigJulia podría ostentar el castizo título de emperatriz de Lavapiés por derecho propio.

Lavapiés, sí, al menos de momento.

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